Contra las desastrosas consecuencias políticas del Liberalismo reacciona el Nacionalismo, movimiento esencialmente político y secundariamente económico, ya que en él -según la interpretación de Gino Arias, que es, por otra parte, la más acertada- la economía se desenvuelve por propio movimiento, pero bajo la regulación política del Estado, aunque sin importar una concepción estatológica.
El Nacionalismo, decimos, es un movimiento esencialmente político. Su campo de batalla es la política y su fin la superación del Estado Liberal y la instalación del Estado Nacionalista. ¿Significa esto que el Nacionalismo debe prescindir de todo lo que no sea política y economía y, siguiendo las huellas del Estado Liberal que combate, no definirse ante la Verdad absoluta? No. En primer lugar porque no puede hacerlo, ya que al Estado Nacionalista, como al liberal, se le presentarán en su gestión mil casos concretos en que tendrá que definirse aunque no quiera. Y en segundo lugar -segundo en nuestra enumeración, pero primero por su importancia- porque no debe hacerlo.
El Nacionalismo jamás debe perder de vista su ubicación en el terrible drama de la Cristiandad. Jamás debe olvidar su gloriosa calidad de reacción a la Apostasía. No debe olvidar que si bien es una reacción esencialmente política, el mal que combate no es exclusivamente político, ni siquiera principalmente político, sino que obedece a causas filosóficas y religiosas a las cuales necesita remontarse para acertar en su acción política, como la voluntad necesita estar guiada por la razón y por el alma si no quiere ser víctima de sus propios caprichos. Debe ser una reacción, no ciega e instintiva como el Socialismo, sino inteligente y consciente de sí misma; no encerrada en la política como el Socialismo en la economía, sino amplia de miras, porque el dominio de la voluntad es más amplio que el del estómago. De otro modo, el Nacionalismo fracasará como fracasa el Socialismo. Se contentará con podar las ramas de la Apostasía, en vez de arrancar el árbol de raíz. Más aún, quedara enredado en el árbol y se convertirá en una rama nueva. Así como el Socialismo, por no poder salirse de lo económico, no pudo extirpar ni el mal económico que combatía, el Nacionalismo, si quiere permanecer exclusivamente en lo político, no logrará salirse ni siquiera del Liberalismo (...)
En el Movimiento Nacionalista no existe, afortunadamente, la indiferencia ante Dios. Por reacción contra el escepticismo democrático y el materialismo marxista, el Nacionalismo es espiritualista. "El Estado Fascista -dice Mussolini- no permanece indiferente ni frente al hecho religioso en general, ni frente a esa religión positiva en particular que es el catolicismo italiano ... En el Estado Fascista la religión es considerada como una de las manifestaciones más profundas del espíritu y en consecuencia, no solamente es respetada, sino defendida y protegida".
El peligro para el Nacionalismo en el terreno religioso, no consiste, pues, en la indiferencia liberal o la negación marxista. El verdadero peligro reside en que, siendo el Nacionalismo una reacción esencialmente política, dé a lo político una primacía que no le corresponde, análoga a la que da el Socialismo a lo económico. Dar a lo político primacía sobre lo espiritual, significaría dar a la voluntad humana primacía sobre la razón y sobre el alma, cuando el orden de las cosas exige que la voluntad esté dirigida por la razón y ésta sometida a Dios.
En el mundo actual, apóstata desde hace cinco siglos y acostumbrado ya a su propia apostasía, ese es el verdadero peligro para el Nacionalismo. Subordinar la Religión al Estado, lo divino a lo humano. Pretender que Dios se trasforme en funcionario público. Tal es el peligro. Y curiosa coincidencia: Caer en eso significa hacer de jure lo que el Liberalismo realiza de facto. Prueba evidente de lo que afirmábamos antes: que el Nacionalismo, cuando es exclusivamente político no logra salirse del Liberalismo. La diferencia estriba en que el Estado Liberal es naturalmente hostil a la Religión, y en cambio el Estado estatista la protege mientras no se opone a sus intereses. Pero en ambos casos la Religión es considerada desde un punto de vista puramente humano. Y si el Estado estatista la protege es porque la considera útil (...) La Religión es algo más que un freno para las multitudes: es la Verdad revelada.
Extracto del libro "Catolicismo y nacionalismo" de Alberto Ezcurra Medrano (Cruz y Fierro Editores, Tercera Edición -1991-, págs. 37 a 40).
APOSTILLA:
La primera edición del libro de Ezcurra Medrano que acabamos de trascribir es de 1936. Época aquella en que estaban en auge los Nacionalismo, los cuales pretendían ser una reacción política al liberalismo, superadora de la primera reacción economicista del marxismo.
En ese contexto, es que Ezcurra Medrano ve un posible peligro en el Nacionalismo, si éste quiere abarcar todo desde la política. Es decir, si se concentran el resto de las funciones del organismo social en el Estado, incluida la Religión.
Releyendo este texto me viene a la cabeza la obra del gran Leopoldo Marechal, titulada "Autopsia de Creso", donde justamente el genial escritor advierte sobre el problema de desequilibrar, o mejor dicho, de subvertir las cuatro funciones que consideraba necesarias al organismo social.
En efecto, Marechal personificaba a estas funciones sociales en cuatro personajes a los que llamó: Tiresias, el sacerdote (Religión); Ayax, el guerrero (Política); Creso, el rico (Economía, representa a la burguesía, al Capital); y Gutiérrez, el siervo (Economía, representa al proletariado, a las fuerzas del Trabajo).
Ezcurra Medrano solo se refiere en su libro a la puja entre Tiresias y Ayax. Más específicamente a la posible sumisión de la Religión a la Política en un Estado Nacionalista, lo cual lo podemos identificar con el "cesaropapismo". Pero en esta rebelión de Ayax contra Tiresias, no siempre el vicio del primero es la causa de la subversión de las funciones sociales. Tiresias también puede tener un posible vicio en sus caracteres, el cual "suele inclinarlo al dominio de lo 'temporal' y a su esfera de 'agitación', con lo cual invade la órbita del quisquilloso Ayax". Tanto esta intromisión de lo religioso sobre lo político conocida como "papocesarismo" como su contracara, el "cesaropapismo", son condenadas por la Doctrina Social de la Iglesia. Es que ambas alteran el equilibrio entre las funciones del organismo social y en definitiva abren las puertas a rebeliones o subversiones aún peores encarnadas por Creso y por Gutiérrez.
En síntesis, entre Tiresias (Religión), Ajax (Política), Creso (Capital) y Gutiérrez (Trabajo) tiene que haber un equilibrio y una armonía. Si ello ocurre, tendremos una sociedad justa que nos asegure una paz social. De lo contrario tendremos un organismo social enfermo, desequilibrado y caótico como el que padecemos actualmente.
APOSTILLA:
La primera edición del libro de Ezcurra Medrano que acabamos de trascribir es de 1936. Época aquella en que estaban en auge los Nacionalismo, los cuales pretendían ser una reacción política al liberalismo, superadora de la primera reacción economicista del marxismo.
En ese contexto, es que Ezcurra Medrano ve un posible peligro en el Nacionalismo, si éste quiere abarcar todo desde la política. Es decir, si se concentran el resto de las funciones del organismo social en el Estado, incluida la Religión.
Releyendo este texto me viene a la cabeza la obra del gran Leopoldo Marechal, titulada "Autopsia de Creso", donde justamente el genial escritor advierte sobre el problema de desequilibrar, o mejor dicho, de subvertir las cuatro funciones que consideraba necesarias al organismo social.
En efecto, Marechal personificaba a estas funciones sociales en cuatro personajes a los que llamó: Tiresias, el sacerdote (Religión); Ayax, el guerrero (Política); Creso, el rico (Economía, representa a la burguesía, al Capital); y Gutiérrez, el siervo (Economía, representa al proletariado, a las fuerzas del Trabajo).
Ezcurra Medrano solo se refiere en su libro a la puja entre Tiresias y Ayax. Más específicamente a la posible sumisión de la Religión a la Política en un Estado Nacionalista, lo cual lo podemos identificar con el "cesaropapismo". Pero en esta rebelión de Ayax contra Tiresias, no siempre el vicio del primero es la causa de la subversión de las funciones sociales. Tiresias también puede tener un posible vicio en sus caracteres, el cual "suele inclinarlo al dominio de lo 'temporal' y a su esfera de 'agitación', con lo cual invade la órbita del quisquilloso Ayax". Tanto esta intromisión de lo religioso sobre lo político conocida como "papocesarismo" como su contracara, el "cesaropapismo", son condenadas por la Doctrina Social de la Iglesia. Es que ambas alteran el equilibrio entre las funciones del organismo social y en definitiva abren las puertas a rebeliones o subversiones aún peores encarnadas por Creso y por Gutiérrez.
En síntesis, entre Tiresias (Religión), Ajax (Política), Creso (Capital) y Gutiérrez (Trabajo) tiene que haber un equilibrio y una armonía. Si ello ocurre, tendremos una sociedad justa que nos asegure una paz social. De lo contrario tendremos un organismo social enfermo, desequilibrado y caótico como el que padecemos actualmente.

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