viernes, 30 de noviembre de 2018

NACIONALISMO CULTURAL EN TIEMPOS DE UNIVERSALISMO


En el año 1972 se publicó en Las Bases un artículo del General Perón titulado Hacia el Universalismo. Allí nuestro histórico conductor nos enseñaba que la evolución de la humanidad siempre se dirige hacia integraciones mayores, y la sintetizaba de la siguiente manera: Del hombre aislado a la familia, de ésta a la tribu, al estado primitivo, a la ciudad, al estado medieval, a la nacionalidad y, en aquel momento, al continentalismo. Finalmente profetizaba que la próxima etapa de la evolución sería el universalismo, y nos alertaba sobre el atraso de la integración latinoamericana sentenciando que "el año 2000 nos encontrará unidos o dominados".

Perón, como buen político que actuaba sobre la realidad y no sobre la idea (razón por la cual creó una doctrina extraída de la tradición de su pueblo y no una ideología surgida de las mentes iluminadas de los claustros universitarios), sabía que esa evolución hacia el universalismo era irreversible e inevitable. En consecuencia, no se dedicó a juzgarla ni a elucubrar utópicas ideas para evitarla, sino que nos dio la clave de cómo debíamos actuar sobre esa realidad. Ello se observa claramente en su discurso del 1° de mayo de 1974, cuando expuso ante el Congreso su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. El General, en dicha oportunidad, reiteraba que el mundo iba hacia el universalismo y que ello "nos exige desarrollar desde ya un profundo Nacionalismo Cultural como única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo como individualidad propia, en las etapas que se avecinan". Y nos volvió a advertir que "mientras se realice el proceso universalista, existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o liberación".

Es claro que Perón visualizaba hace décadas el proceso universalista, y también su faz negativa, el globalismo neocolonialista. Pero además tenía muy claro que la puja entre liberación o dependencia no tendría su eje tanto en el aspecto militar, sino que el nuevo colonialismo sería primordialmente cultural. Por esta razón nos daba una solución, enarbolar el Nacionalismo Cultural como la cuarta bandera justicialista. Es decir que el General consideraba al Nacionalismo Cultural como único remedio a la globalización homogeneizadora, siendo partidario de un universalismo en que se respeten las particularidades de cada Nación. Un universalismo de liberación con basamento en la fraternidad y la colaboración entre los pueblos, en contraposición a un globalismo neocolonialista de dominio cultural para el sometimiento y la explotación.

De lo expuesto, resulta evidente que esta exaltación de lo propio no va en contra de nadie, ya que, como se expresa en Doctrina Peronista, nunca hemos pretendido una hegemonía política, económica o espiritual sobre otras naciones o pueblos. Sólo reivindicamos el derecho a mantener nuestra propia identidad, no a quitársela a los demás. Por ello el justicialismo siempre sostuvo “el derecho de cada Nación de adoptar la filosofía político social más de acuerdo con sus costumbres, religión, posición geográfica y circunstancias históricas, si es que en verdad se quiere subsistir con la dignidad y jerarquía de Estado soberano” (Doctrina Peronista).

Ahora bien, ¿S.S. Francisco no nos propone lo mismo hoy cuando nos habla de la Esfera y del Poliedro? “La esfera –explica el Papa– puede representar la homologación, como una especie de globalización: es lisa, sin facetas, igual en sí misma en todas sus partes. El poliedro tiene una forma semejante a la esfera, pero está compuesta por muchas caras. Me gusta imaginar a la humanidad como un poliedro, en el que las múltiples formas, expresándose, constituyen los elementos que componen, en la pluralidad, la única familia humana”. Evidentemente el Papa y el General tienen el mismo remedio para el peligro que engendra el globalismo homogeneizador, que no es otro que el derecho de cada pueblo de identificarse con su cultura mediante el fomento de un sano nacionalismo, evitando naturalmente un nocivo chauvinismo etnocentrista. ¡Pero que se entienda! … esta similitud no es porque el Papa sea peronista, como maliciosamente dicen a diario los agentes de Clarín, sino porque el peronismo es profundamente cristiano, como se establece en la verdad justicialista número catorce. Podemos decir que ambos tienen la misma receta porque parten de los mismos principios de moral social, los cuales están condensados en la Doctrina Social de la Iglesia. No en vano Perón nos dijo en Conducción Política que con el justicialismo se pudo poner en “ejecución la doctrina social cristiana que hace dos mil años estamos predicando”.

Como siempre, el General estaba en lo cierto, y hoy vemos como los pueblos reaccionan ante el globalismo reafirmando sus culturas y tradiciones. Después de setenta años estamos virando nuevamente hacia los nacionalismos; Trump y Putín son claros ejemplos de ello. A Dios gracias, podemos decir que el mundo digitado tanto en Yalta como en el Consenso de Washington ha muerto. Pero en este nuevo contexto internacional surge otro interrogante ¿Estos nacionalismos serán una liberación para todos los pueblos o serán nuevas formas de dominio de un pueblo sobre otro? La respuesta todavía no la tenemos, pero sí la esperanza. Ella radica en que el Papa Francisco, como líder espiritual (no como conductor político, como pretenden algunos), pueda iluminar este irreversible proceso mundial. En fin, como peronistas, celebramos este resurgir identitario, ya que nuestra doctrina es esencialmente nacionalista; pero también, por ser peronistas, anhelamos que sea una nueva etapa de confraternización entre los distintos pueblos, naciones y culturas, y no de enfrentamiento entre ellos, porque nuestra doctrina no solo es nacionalista sino que también es profundamente cristiana.


Artículo publicado en el Boletín "Hacia una... III Posición(Número 2 - Noviembre de 2018).

miércoles, 21 de noviembre de 2018

ORGULLOSAMENTE FALANJO PERONISTA


"Juan Perón

Madrid, 21 de diciembre de 1963

Señor Don Rafael García Serrano

Madrid

Mi querido amigo: 

He leído con incontenible emoción su carta y su artículo de '7 fechas' y deseo hacerle llegar la expresión más sentida de mi gratitud. Siempre he pensado que la hidalguía española es el más preciado patrimonio de esta gloriosa tierra, pero mis años de convivencia aquí me han convencido que esa virtud hispánica va mucho más allá de cuanto había imaginado. 

El gobierno argentino, expresión acabada del demoliberalismo cipayo y vendepatria, pretende molestar, sin percatarse que la calumnia y la diatriba son las razones de los que no tienen razón. 'Ladran, señal que cabalgamos'. 

¡Muchas gracias! El justicialismo y el falangismo son la misma cosa separados solo por el espacio por eso me halagan sus palabras de falangista que, para nosotros, suenan a camaradería. 

Un gran abrazo". 

APOSTILLA: 
Rafael García Serrano era un reconocido falangista "camisa vieja" amigo del General Perón. Este noble español se dedicó al periodismo, y además, como escritor, centró su obra en la Guerra Civil Española, conflicto en el cual combatió enrolado en el bando nacional. También fue miembro fundador del S.E.U. (Sindicato Español Universitario), rama universitaria de la Falange Española de las J.O.N.S.

domingo, 11 de noviembre de 2018

DIME CÓMO ADJETIVAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES


La victoria de Bolsonaro en Brasil desató la histeria progresista, algo parecido a lo que ya hemos vivido en noviembre de 2016 cuando Trump ganó en Yanquilandia. Por izquierda y por derecha la progresía recurrió a su calificativo fetiche desde 1945: “¡Facho!”. Y fue así como pudimos leer en el pasquín socialdemócrata Página/12 que “el fascismo se impuso en el ballottage brasileño”, de la misma manera que desde Clarín, tribuna del medio pelo burgués, Alejandro Borensztein ironizó que “... los brasileños se van a tener que aguantar al facho más grande que haya conocido Sudamérica en los últimos 50 años ...”.

Sin embargo, quien tenga dos dedos de frente sabe que tal calificativo es una falacia. En primer lugar porque el fascismo es una doctrina nacionalista surgida en Italia para los italianos, y Bolsonaro es brasileño y gobernará su país. Y en segundo término porque el flamante presidente carioca no es más que un representante y defensor del capitalismo liberal, y por tanto nada tiene en común con una doctrina tercerposicionista como es el fascismo. El único mérito de Bolsonaro para que lo tilden de "facho" es haber basado su campaña electoral contra la opinión publicada, es decir contra la imposición mediática de la ideología de género, el aborto y el feminismo. Para colmo también osó tomar partido por los trabajadores víctimas de delitos, en vez de ponerse del lado de los delincuentes. Una verdadera “herejía” para mentalidad progresista.

Lo que no entienden estas “mentes iluminadas” es que anhelar la sanción de un delito, o expresar que el aborto es un crimen, o decir que es contrario a la naturaleza la afirmación de que hay “varones con vagina” y “mujeres con pene” no es ser fascista; eso es simplemente tener un poco de sentido común más allá de la doctrina política a la cual se adhiera. El problema de estos “ilustrados” es que siempre priorizan sus ideas por sobre la realidad, lo mismo que los derechos de las minorías en detrimento de las mayorías. ¿No pensaron que esta es la razón por la cual los pueblos les están pasando factura? No, es más fácil para ellos decir que hay “un resurgimiento fascista” y que los culpables son los “pobres de derecha”. No tiene caso, no podemos pedirle peras al olmo. Viniendo de los progres nada debería sorprendernos. 

Lo que sí nos debería llamar la atención y preocuparnos, es que varios "compañeros" se hagan eco de la histeria progresista y utilicen el lenguaje del enemigo. Ya desde el resultado en la primera vuelta, cuando Bolsonaro dejó grogui a Haddad, hemos visto la desesperación de estos “compañeros” en las distintas redes sociales por un supuesto “avance facho en la región”. Es cierto que esto no es nuevo, ni es producto exclusivamente de la victoria de Bolsonaro. Sin ir tan lejos, recordemos el artículo publicado el año pasado en Página/12 por Horacio González, quien definió como "neofascismo liberal" al gobierno macrista, término que es una contradicción en sí. Reitero, no es algo nuevo, pero el triunfo del ex militar brasileño generó en estos “compañeros” un brote de histeria de tal envergadura que debería llamarnos a la reflexión. 

¿Qué les pasa por la cabeza a estos ”compañeros”? ¿No se dan cuenta que cada día se parecen más a los gorilas? No solo escriben en sus pasquines sino que también utilizan los mismos adjetivos calificativos. ¿No recuerdan que "fascista" y/o "nazi-fascista" era como el gorilaje llamaba al General? ¿Se olvidan que Rodolfo Ghioldi, dirigente del Partido Comunista, llamaba a votar por la Unión Democrática para derrotar al “Eje Nazi Fascista” en la República Argentina? ¡Por favor muchachos! ... ¿Qué son ustedes? ¿Ignorantes, entristas o, como ironizaba el General, adherentes a la “Sexta Internacional”? 

Con esto no estoy haciendo apología del término “facho”, ni mucho menos tomando una posición defensista respeto del fascismo. No me corresponde hacerlo porque soy argentino y ello es una cuestión de los italianos. Solo intento advertir el peligro que entraña adoptar el lenguaje del enemigo, para evitar la mimetización con ellos, y sobretodo con sus fines y objetivos. La utilización de la terminología del enemigo implica previamente haber adoptado su cosmovisión. Y allí está la raíz del problema, si nos expresamos como ellos es que pensamos como ellos. Esto es sin dudas la razón de tanta desviación doctrinal que sufrió el peronismo en los últimos cuarenta años. Podemos decir que le colonizaron la cabeza a muchos “compañeros”, y por ello es que ya no piensan ni se expresan como el General sino como sus adversarios. Observen lo que piensan estos “compañeros” respecto de cuestiones fundamentales como la dignidad de la persona por nacer, la familia natural, la educación cristiana en las escuelas y el rol de las FF.AA. y del Estado. Analicen sus interpretaciones respecto de hechos históricos trascendentales como la conquista española en América, las mal llamadas “revoluciones” francesa y rusa, o la II Guerra Mundial. Vean sus publicaciones y cómo se expresan, encontrarán términos como “empoderamiento”, “patriarcado opresor”, “lucha de clases”, “fachos”, “autopercibirse”, además de un uso indebido y estúpido de las letras “e” y “x”. Hagan este ejercicio y solo encontrarán que estos “compañeros” no piensan ni se expresan como Perón, sino como sus enemigos. Piensan y se expresan de acuerdo a la contracultura anglosajona, y por ello también han comprado su relato histórico. Es triste pero es la realidad. 

Por ello, quiero aprovechar para invitar a estos “compañeros” a que, en vez de expresarse como Ghioldi o Braden, indaguen un poco cuáles eran los calificativos que el General y Evita utilizaban para referirse a los enemigos internos de la Patria y del Pueblo. Sólo encontrarán "vendepatrias" y "oligarcas". A estos se les podrá sumar el coloquial “gorilas”, término utilizado por nuestra militancia desde mediados de la década del '50. Pero para los peronistas no hay otros ... "facho", "fascista" y/o "nazi-fascista" son términos que siempre usaron en forma despectiva marxistas y liberales, nunca nosotros. 

En fin muchachos … Si son boludos, despiértensen y rompan sus vínculos con la "Sexta Internacional". Si son ignorantes, cachen los libros que no muerden. Y si son entristas, cuídense, ya que no serán tratados como compañeros sino como enemigos.