miércoles, 13 de junio de 2018

CARTA DEL GENERAL VALLE A PEDRO EUGENIO ARAMBURU


Buenos Aires, 12 de junio de 1956


Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

Así se explica que nos esperaran en los cuarteles apuntándonos con ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aún antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez mas su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen o les besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados.

Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.

Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos, sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 por ciento de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo , al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría , y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método solo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos, no sólo de minorías privilegiadas.

Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así como nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre.

Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos.

Viva la Patria.

Juan José Valle

APOSTILLA:
Honor y Gloria a los fusilados de junio de 1956, verdaderos mártires del movimiento nacional; quienes murieron para que la causa nacional viva.

MILITARES:
General Juan José Valle 
Coronel Santiago Ibazeta
Coronel José A. Irigoyen
Coronel Eduardo Cortinez
Coronel Oscar Cogorno
Capitán Miguel Costalez
Capitán Néstor Cano
Capitán Luis Caro
Teniente Primero Néstor Videla
Teniente Primero Jorge Noriega
Sub Teniente Juan Abadie
Sub Oficial Ppal. Ernesto Gareca
Sub Oficial Ppal. Miguel Paolini
Sargento Luis Puchet
Sargento Luciano Rojas
Sargento Hugo Quiroga
Sargento Isauro Costa
Cabo José Miguel

CIVILES:
Braulio Ross
Ramón Videla
Carlos Irigoyen
Rolando Zaneta
Clemente Ross
Osvaldo Albedro
Carlos Lizaso
Nicolás Carranza
Francisco Gariboto
Mario Brion
Vicente Rodríguez
Miguel Ángel Mauriño
Aldo Emir Jofré
Dante Hipólito Lugo
Román Salas

martes, 12 de junio de 2018

DOCUMENTO OFICIAL DE "PERONISTAS POR LA VIDA"


En medio del debate por la legalización del aborto en la Argentina, un grupo heterogéneo y transversal de militantes peronistas se nucleó de manera espontánea con la intención de hacer oír una voz que hasta entonces estaba ausente. Nos juntó la necesidad de aportar una mirada sobre la cuestión desde la cosmovisión justicialista. Nació así "Peronistas X la Vida" y con ello este documento. Con una velocidad imprevista, el mismo se viralizó hacia todo el territorio nacional concitando gran cantidad de adhesiones. Compañeros de todas las provincias del país firmaron, militaron y difundieron el documento en el que “los peronistas le decimos sí a la vida y no al aborto” con nuestro lenguaje y nuestra filosofía. Compañeros que, aún sin conocerse entre sí, con su aporte, convirtieron este documento en un pronunciamiento político y doctrinario de carácter auténticamente federal. Movidos por el amor y la profunda convicción de que sobre ese amor se funda la comunidad organizada que plantea el peronismo, invitamos a todos los diputados y diputadas que reivindican su condición de peronistas a votar a favor de las dos vidas. Finalmente, compañeros y compañeras de todo el País, queremos decirles que ha sido una enorme alegría compartir este buen combate y continuar compartiéndolo. ¡Viva Perón! ¡Y viva Evita!.

Los abajo firmantes, compañeros del movimiento nacional justicialista, expresamos nuestro rechazo absoluto al proyecto de legalización del aborto en nuestra Patria.

El debate en torno a la ley, instalado por el gobierno nacional a instancias de los organismos internacionales de crédito, ha sido planteado en la agenda pública como una cuestión de derecho individual de la mujer sobre su cuerpo y también como la solución a un pretendido problema de salud pública. De ese modo, los impulsores de la legalización, cuyos principales voceros son los medios de comunicación concentrados que construyen la opinión pública de los sectores medios urbanos, buscaron delimitar los campos de acción entre quienes promueven la obtención de derechos y quienes se oponen ello.

En primer lugar, entendemos que el aborto no debe circunscribirse a una cuestión meramente moral o de conciencia individual de las personas. Por el contrario, consideramos que la defensa de la persona humana y su derecho fundamental a la vida desde su inicio hasta su término, constituye el fundamento de la convivencia humana y de la comunidad política. La decisión que tomemos sobre esta delicada cuestión será la base para construir, en un futuro, con todos los argentinos y argentinas, una política que defienda y que promueva la vida, la familia y la organización de una comunidad en paz, en unidad y en armonía. Toda vida es valiosa. No queremos quedar atrapados en la cultura del descarte, en donde la persona sea considerada un número, una estadística o un mero engranaje de la lógica del dinero. Nuestro aporte, como peronistas, como argentinos y como ciudadanos del continente latinoamericano, que apuesta a la vida, a la paz y a la civilización del amor, es el de poner todo el valor de nuestras decisiones en sostener un futuro con la persona humana como centro. Todos y cada uno somos llamados a aportar nuestra particularidad para enriquecer la unidad de nuestro pueblo. Ninguno puede ser descartado.

Como peronistas, nuestra doctrina política busca realizar el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad; nuestra doctrina económica busca hacer realidad la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del hombre; y nuestra doctrina social promueve la justicia social, que da a cada persona su derecho en función social. Creemos y sostenemos que el aborto es un elemento ajeno a esa cosmovisión justicialista.

El aborto es justamente lo contrario de lo que pregona y persigue el justicialismo. Aspiramos a una comunidad armoniosa, en donde no se admita el fracaso de solucionar el problema de unos, en perjuicio de los otros. La justicia social es una bandera de vida, de dignidad y de alegría por ser.

En segundo término, en el plano de la ciencia, los testimonios y evidencias respecto del inicio de la vida a partir de la concepción son contundentes. En las últimas décadas el conocimiento acerca de la formación del ADN diferenciado y el avance en el diagnóstico por imágenes, por solo dar dos ejemplos, han despejado dudas y vacíos de conocimiento de siglos de duración.

Sabemos que uno de los aspectos del debate es la salud pública, ante la triste realidad de prácticas realizadas en condiciones de riesgo para las mujeres; muy especialmente para las de menores recursos sociales y materiales. Esta cuestión, además de esconder las estadísticas reales a nivel internacional, que muestran cómo los países que no tienen legalizado el aborto poseen cifras menores de mortandad materna, también oculta que las principales causas de mortandad materna en la Argentina son otras y están ligadas en forma directa a la decadencia del sistema de salud público y a las condiciones socio económicas de las madres. Los datos de salud pública en nuestro país indican que el 87,2% de las causas de mortalidad materna se producen por causas evitables diferentes al aborto.

No podemos dejar de aspirar, como hombres del movimiento que ha hecho posible lo imposible, a tender nuestra mano, nuestro corazón y nuestra inteligencia para profundizar una política pública que contenga, que ampare y que resuelva la vida de esas mujeres que llevan adelante una lucha desigual, en los barrios y ciudades de nuestra Argentina.

No es cierto que frente al problema de la maternidad no deseada la opción sea entre la vida de la madre y la del niño por nacer. No podemos admitir la teoría del “mal menor” cuando se trata de una vida. No al menos desde el peronismo, que es esencialmente humanista. El aborto legal no es un remedio a la falta de oportunidades y la pobreza. La solución al problema de la injusticia económica y social debe darse implementando políticas de prevención, contención y justicia sociales y de distribución del ingreso y la renta. El aborto es una falsa solución que nos pone en situación de elegir una vida a la otra. La desigualdad social, la desigualdad económica y de oportunidades no pueden ser la excusa para coartar el derecho humano básico a la vida del niño que anida en el vientre materno.

Como peronistas sostenemos por ello que, en lugar del “mal menor”, nuestra sociedad debe procurar alcanzar “el bien común”. Legalizar el aborto es solamente un subterfugio cortoplacista, pero con vidas de por medio. Como peronistas estamos siempre del lado de los más humildes y de los trabajadores. Por ello no podemos dejar de alertar que la legalización del aborto impactará sobre la vida de los más pobres y débiles, en lugar de respetar sus redes de amor y crear la casa que nos cobije a todos, al decir de la compañera Evita.

Toda mujer en la Argentina debe poder encontrar un contexto en el que sea posible traer una vida al mundo. Toda mujer debería sentirse amparada para afrontar la maternidad porque todos sus derechos están garantizados: derecho efectivo a la salud gratuita y de calidad, derecho al trabajo y a la maternidad en el ámbito del trabajo, derecho a la seguridad social, a la vivienda, a la educación propia y de sus hijos, a una vejez digna. Y cuando aun así la opción de criar un hijo no cuaje con los deseos y expectativas personales de una mujer embarazada, el Estado debe suministrar los canales adecuados para que otros ciudadanos que sí lo deseen puedan hacerse cargo de esa vida humana que ella porta transitoriamente en su cuerpo desde la concepción hasta el parto. Una ley de adopción acorde a ese drama social tiene que ser debatida, sí, en el Congreso Nacional, de manera urgente. Junto a ello, fortalecer las herramientas del Estado y de la comunidad para permitir a nuestras mujeres tomar decisiones libres de verdad, con toda la dignidad de su condición de mujeres.

En tercer lugar, creemos que la cuestión del aborto no puede escindirse de disputas de envergadura geopolítica en torno al control poblacional y el diseño del orden mundial neo liberal. Lejos de tratarse de una solución genuina a problemas locales o regionales, el aborto esconde la intención de aquellos a los que nuestro propio conductor, el General Perón, se refería como "oscuros intereses internacionales" de ejercer control poblacional, tal como lo propone el Informe Kissinger, sobre los países de la periferia cuyos recursos naturales son abundantes pero cuyos medios de defensa son escasos. Y esto no es una discusión de 1970, como algunos quieren hacernos creer: las fundaciones “filantrópicas” de Rockefeller, Ford (desde hace casi cien años) y ahora Soros y Gates, dogmáticas de las teorías maltusianas, son activas propulsoras, con un pensamiento estratégico y acciones concretas, de la reducción de la natalidad en el mundo.

Como peronistas reafirmamos la condición humanista y cristiana de nuestra doctrina. Somos nacionales, queremos una Argentina grande y poblada, no políticas que remachen su condición colonial. Somos humanistas, defendemos la vida inocente. Somos cristianos, sabemos que el aborto pone fin a la vida de un ser único e irrepetible. Llamamos especialmente a diputados y senadores que reivindican su condición de peronistas a rechazar este proyecto de ley y adoptar la única posición justa. 

Continuamos comprometidos en la lucha contra el imperialismo, y todas sus políticas económicas, culturales y demográficas. Luchamos por la Justicia en la larga marcha que alumbrará la hora de los pueblos, con la expresión plenaria de su dignidad, cultura y modo de ser.