jueves, 20 de abril de 2017

LOS ENCUENTROS DE PERÓN CON EL "DUCE"


(...) En virtud de sus destacadísimas actividades en unidades alpinas, donde se ganó el reconocimiento de importantes jefes militares italianos, el 1° de enero de 1940, Luigi Botti vice secretario del Partido Nacional Fascista, envió una invitación especial a Virginio Zucal y Juan Perón, remitida a la Embajada Argentina, Piazza dell Esquilino n° 2, Roma. La misma estaba dirigida para que los dos militares argentinos asistan a la "Befana Fascista XVIII"*.

Este importantísimo acto popular, se realizó el sábado 6 de enero de 1940, a las nueve de la mañana, donde precisamente Benito Mussolini pronunció un discurso en la Piazza Venezia (...) 

El acto solidario en beneficio de millones de niños pobres, debe haber impresionado mucho a Perón (lo mismo que a Zucal). Imaginemos por un instante el monumental despliegue de esa multitudinaria manifestación popular, que recorrió la Via Nazionale en dirección a la Plaza Venecia, donde estaba el mismo Mussolini presto para cerrar el acto con un discurso.

La tradición dice que esta fiesta solidaria comenzaba la noche anterior, donde millones de juguetes empaquetados previamente, habían sido distribuidos a los niños sin recursos en nombre de la "Befana" o día de los Reyes Magos.

Con posterioridad a este suceso, según Pavón Pereyra, habría habido un primer encuentro con Mussolini:

"Tuve la oportunidad de estar frente a frente, y conversar con el Duce. Fue en Milán, y no sabía que podía atenderme tan rápido, ya que había trascurrido poco tiempo desde el pedido de audiencia. Verlo así, por primera vez, me impresionó de sobre manera. Él estaba de militar, pulcro y cortés, tenía toda la imagen de un semidiós de la mitología romana. Yo se lo dije y le afirmé que me sentía emocionado y confundido, para no andar aclarando que en realidad también me temblaban las piernas. Él levantó la vista y me miró a la cara diciendo: 'Cada día más seguro estoy que cómo esta situación política se mantenga así, seremos muchos los que vamos a contribuir a extender la mitología'. Mírenme a mí sino, ya soy un mito viviente. Con decir solamente que fui un antiguo agitador socialista, ya va a ver tela para cortar suficiente, para escribir varios libros; por otro lado, no sólo mi imagen personal contribuyó al éxito del proceso, al cariño del pueblo lo ayudamos bastante con la propaganda en la calle. Veamos, sino, la cara del Duce en todas las paredes ... En fin, la publicidad, uno de los tantos recursos de las democracias liberales, pero tan útil ...'. A partir de ese momento seguí de cerca las acciones del gobierno, comparándola con sus contradicciones ideológicas internas. Conversábamos de esto con varios argentinos: los tenientes coroneles Campero y Zucal, y con los oficiales que habían sido alumnos como Pérez Aquino y Jalabert" (Pavón Pereyra, Enrique - Yo Perón, pág. 114 y 115).

Unos meses más tarde, Perón había asistido -como un italiano más-, el día lunes 10 de junio de 1940 a la Plaza Venecia, cuando Benito Mussolini a las seis de la tarde, pronunció un encendido y agitado discurso en el que declaró la guerra a Gran Bretaña, Francia, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, esto es contra "las plutocráticas y reaccionarias democracias occidentales" (...)

Al "Duce" ..., tuvo la oportunidad de volver a encontrarse personalmente y saludarlo en el Palacio Venecia. Esto sucedió el día miércoles 3 de julio de 1940, cuando se desempeñaba como ayudante de Zucal en la embajada. Benito Mussolini lo recibió en su despacho, y estando al tanto de la actividad de Perón en Italia, aprovechó para preguntarle por la moral de las tropas alpinas.

"No me hubiera perdonado nunca al llegar a viejo, el haber estado en Italia y no haber conocido a un hombre tan grande como Mussolini. Me hizo la impresión de un coloso cuando me recibió en el Palacio Venecia. No puede decirse que fuera yo un bisoño y que sintiera timidez ante los grandes hombres. Ya había conocido a muchos. Además, mi italiano era tan perfecto como mi castellano. Entré directamente en su despacho donde estaba él escribiendo; levantó la vista hacia mí con atención y vino a saludarme. Yo le dije que, conocedor de su gigantesca obra, no me hubiera ido contento a mi país sin haber estrechado su mano" (Luca de Tena, Torcuato; Calvo, Luis y Peicovich, Esteban - Yo, Juan Domingo Perón, pág. 27). (...)

* Nota: (...) La "Befana Fascista" o Epifanía Fascista, fue una celebración de la caridad en favor de los niños de las clases más bajas, establecida por el fascismo para el día de la "Epifanía" o día de Reyes ... A través de organizaciones de mujeres y jóvenes fascistas, las federaciones provinciales del PNF solicitaban a los comerciantes, industriales y agricultores donaciones para la fiesta ... Esta actividad social, demostró una máquina organizativa enorme, capaz de recoger, clasificar, empaquetar y distribuir las donaciones (...)

Extracto del libro "Perón en Roma, Cartas inéditas (1939-1940) Amores y Política" de Ignacio Martín Cloppet (Ed. Fabro, págs. 114 a 117).

APOSTILLA: 
Me pareció apropiado publicar este extracto del libro de Ignacio Cloppet debido a que veo continuamente repetir a varios "compañeros" por las redes sociales los términos "fascista" y/o "facho", utilizados obviamente en forma negativa. Ello llegó al colmo cuando Horacio González, el "cráneo" de Carta Abierta, publicó esta semana en Página/12, diario gorila si los hay, una nota titulada el "neofascismo liberal", término contradictorio en sí con el que intenta englobar al macrismo.
Pero muchachos ... ¿qué carajo les pasa? Cada día se parecen más a los gorilas. No solo escriben en sus diarios sino que también utilizan el mismo vocabulario. ¿No recuerdan que "fascista" y/o "nazi-fascista" era como los gorilas llamaban al General? ¿No recuerdan que Rodolfo Ghioldi, dirigente del Partido Comunista, llamaba a votar por la fórmula de la Unión Democrática para derrotar al Eje Nazi Fascista en la República Argentina?
Por favor muchachos ... ¿Qué son ustedes? ¿Boludos, ignorantes o entristas?
Con esta crítica no quiero decir que Fascismo y Justicialismo sean lo mismo, ya que, pese a la evidente admiración que Perón tenía por Mussolini, son dos doctrinas distintas.
En primer lugar porque para ser fascista hay que ser italiano y el peronismo es bien argentino. Tanto el Justicialismo como el Fascismo son doctrinas cuyas terminales ideológicas son Nacionales, y por tal razón reflejan la historia, la cultura y los sentimientos de sus pueblos. Por ello el General decía que el Justicialismo es como nuestro pueblo: nacional, social y cristiano. En consecuencia es imposible transpolar doctrinas que se dicen nacionales de un país a otro, como sí ocurre con el Marxismo y el Liberalismo. En efecto ambos experimentos sinárquicos, como tienen terminales ideológicas Internacionales, desconocen las particularidades de cada pueblo y por ello pretenden implementar el mismo modelo a nivel global.
Esto no quiere decir que el Justicialismo no pueda dar respuestas universales, obviamente adaptadas a la cultura y a la idiosincrasia de cada pueblo. No solo que puede, sino que, como decía Evita, "es una solución realizada en el mundo y no puede ser negado al mundo, que está ya hastiado del capitalismo y que no quiere hundirse en la etapa cruenta del comunismo". Es que Universalismo, Internacionalismo y Globalismo no son sinónimos, sino cosas muy diferentes, pero no viene al caso ahora adentrarnos en esta cuestión.
Por otro lado, también hay discrepancias doctrinales entre el Fascismo y el Justicialismo. Ello se ve claramente en el rol del Estado, mientras que para el Fascismo toda realización del individuo es a través del Estado, en el Justicialismo, fiel a su inspiración cristiana, el hombre se realiza no sólo en el Estado, sino que primordialmente en la Familia y en las "organizaciones libres del pueblo", llamadas "cuerpos intermedios" en la Doctrina Social de la Iglesia. En definitiva, el Fascismo es un corporativismo estatal y el nuestro es un corporativismo social, es la comunidad organizada.
Por esto y por otras razones Fascismo y Justicialismo no son lo mismo, como pretende el "Frente Negro". Pero de ahí a utilizar el vocabulario del enemigo, como pretende el "Frente Rojo", hay una gran diferencia.
¿No se dan cuenta que si adoptamos los términos del enemigo tenemos perdida la batalla cultural?
La verdad que hay que ser muy ignorante o tener nula honestidad intelectual para calificar a liberales como Macri y/o Videla de "fascistas".
Los peronistas sólo nos referimos a los enemigos de la Patria y del Pueblo con estos términos ... "Gorilas", "Oligarcas" y/o "Vendepatria". No hay otros. "Facho", "Fascista" y/o "Nazi-Fascista" son términos que siempre usaron en forma despectiva marxistas y liberales, no nosotros.
Por ello muchachos ... 
Si son boludos, despiértense y rompan sus vínculos con la "Sexta Internacional".
Si son ignorantes, cachen los libros que no muerden.
Y si son entristas, cuídense, ya que no merecen ser tratados como "compañeros" sino como enemigos.

lunes, 10 de abril de 2017

SAN JUAN PABLO II A LOS TRABAJADORES ARGENTINOS


¡Queridos hombres y mujeres trabajadores! 

¡Muy queridos hombres y mujeres que realizáis vuestro trabajo diario en bien de la noble tierra argentina!

¡Alabado sea Jesucristo!

1. ¡Mi gozo es grande al encontrarme entre personas que comparten la condición común de trabajadores! ¡Con toda franqueza os puedo decir que me siento especialmente cercano al mundo del trabajo, es más, me considero uno de vosotros! Por eso, porque estoy con vosotros y os comprendo, me alegro mucho de tener hoy este encuentro. Si fuera posible, me gustaría hablar con cada uno, saludar personalmente a todos, preguntaros por vuestras familias, por vuestra labor, por vuestras alegrías y vuestras penas. Todo eso lo llevo en el corazón.

Alguna vez he dicho que aquellos años como obrero, en la cantera de una empresa química, fueron para mí una nueva lección sobre el Evangelio. Es verdad, porque en aquel ambiente, en aquella época de esfuerzo laboral, me fue dado comprobar la profunda relación de solidaridad existente entre el Evangelio y la problemática de la actividad humana en nuestros tiempos. No es una nueva constatación teórica; es una gozosa realidad humana y cristiana que la Iglesia, ya en el umbral del tercer milenio, tiene la grave responsabilidad de difundir, para que sea conocida y vivida por los hombres y mujeres del mundo laboral. En este día os animo a que cada uno, cada una, hagáis “el esfuerzo interior del espíritu, con el fin de dar a vuestra labor el significado que tiene a los ojos de Dios” (Laborem exercens -VER-, 24).

El trabajo es como una “vocación” o llamado que eleva al hombre a ser partícipe de la acción creadora de Dios. Es el medio que Dios ofrece al hombre para “someter” la tierra, descubrir sus secretos, transformarla, gozarla y, de este modo, enriquecer su propia personalidad. Su modelo será Cristo, el Redentor del hombre, el cual, no habiendo desdeñado pasar una gran parte de su existencia en el taller de un artesano, rescató el esfuerzo y la dignidad del trabajo, transformándolo para siempre en instrumento de redención.

2. En las cartas que muchos de vosotros enviasteis a Roma con ocasión de esta visita pastoral, habéis querido poner de manifiesto circunstancias, anhelos, situaciones dolorosas y, también, las esperanzas que anidan en vuestros corazones.

En mis encuentros frecuentes con trabajadores de todo el mundo, oigo hablar a veces de motivos de tristeza, desánimo, desesperanza, originados, en gran parte, por una creciente desocupación. Es cierto que el mundo laboral presenta graves motivos de preocupación. Los conozco bien. Pero no es menos cierto que tales motivos no deben llevaros al derrotismo, a la pasividad, a la falta de esperanza. Nuestra fe católica nos da motivos suficientes para no desesperar jamás, por difícil y dura que pueda parecer cualquier situación.

En la Encíclica Laborem Exercens, señalaba al mundo de la producción un objetivo concreto y claro: conseguir que la actividad humana mire, sobre todo, a los valores personales. “En caso contrario, en todo el proceso económico surgen necesariamente daños incalculables; daños no sólo económicos, sino ante todo daños para el hombre” (Laborem exercens, 15). Hoy os invito además a no conformaros con una visión empobrecedora y deformada del trabajo; mi deseo es que penetréis en la profunda riqueza que puede aportar a la vida, al espíritu de cada persona. De cómo lo comprendáis depende, en buena parte, no sólo el sentido de vuestra vida, sino también el alcance y los frutos de vuestro asociacionismo laboral o empeño sindical.

Sois conscientes de que cuando el mundo socio-económico se organiza en función exclusiva de la ganancia, las dimensiones propiamente humanas sufren detrimento. Ello puede llevar al desinterés por la calidad del trabajo, y perjudica la tan deseada cohesión y solidaridad entre los trabajadores. Algunos pretenden que el único móvil de vuestra vida sea el dinero y el consumo; si os dejáis polarizar exclusivamente por esta motivación, os incapacitáis para descubrir el gran contenido de realización personal y de servicio que encierra vuestra labor profesional.

Por eso, os insisto en que no podéis conformaros con unos objetivos de corto alcance, cuya única finalidad se reduzca a la concertación colectiva de las remuneraciones y a la disminución de las horas laborales. Ante los problemas de la sociedad moderna, tampoco podéis aceptar que los mayores esfuerzos del asociacionismo laboral se esterilicen en inoperantes litigios políticos, que en ocasiones instrumentalizan vuestros anhelos con el fin de alcanzar posiciones ventajosas. Es justo que exista una noble contienda sindical, pero encaminada a conseguir los objetivos propios del mundo laboral, dirigida a fortalecer la solidaridad y elevar el nivel de vida material y espiritual de los trabajadores. Es cierto que la íntima relación existente entre el mundo laboral y la vida política –el llamado “empresario indirecto”– exige un constante contacto y diálogo entre trabajadores y políticos. Debe ser siempre un diálogo constructivo, que no mire sólo a intereses de parte, sino al bien de toda la gran familia argentina, en perspectiva latinoamericana e incluso mundial.

martes, 4 de abril de 2017

EL MUNDO ESTÁ ENFERMO DE OLIGARQUÍA


La oligarquía es una enfermedad. Todas las formas políticas aparecen siempre mezcladas, como acabamos de ver: les pasó a los griegos, a los romanos, a la revolución francesa ... y también al movimiento nacional. En los gremios, en el orden político, en el estado y en todo lo demás. ¿No advertía Eva Perón que lo más peligroso no era la oligarquía vacuna terrateniente de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, de la llanura, sino "el espíritu oligárquico en nosotros"? "Si algún peronista se convierte en oligarca, ése va a ser el peor oligarca", advertía. Era obvio que fuese así, porque su actuación sería la de todo nuevo converso (...)

La oligarquía es una enfermedad endémica y global de todas las formas políticas humanas en la historia. En la cultura occidental tiene una trayectoria particular, aunque en las demás también existe, porque fue en Occidente que se la identificó. El hecho de que pudiera ser aislada del universo de lo inconsciente y se volviera algo consciente no fue casual, a tal grado que hubo gente que se orientó específicamente a hacer oligarquía y a ser oligarca. Occidente tuvo que fabricar eso. ¿Qué determinó ese diferencial en la cultura occidental? La presencia de Cristo. Cristo no fue la causal de la conciencia oligárquica, pero en Occidente, frente a Él, la única posibilidad para sus enemigos era esa otra, obviamente encubierta con la hipocresía. Porque desde Cristo en adelante las formas oligárquicas adquirieron, en primer lugar, una virulencia particular (su anticristianismo), pero también métodos y sistemas ideológicos provenientes de los enemigos fundamentales de Cristo: los fariseos, que dieron forma a algo que ya existía y que ya era también contracultural. 

Los fariseos, dado su anticristianismo natural, reestructuraron las formas oligárquicas. La presencia de Cristo vino a vigorizar la presencia del Dios vivo en el mundo y, en consecuencia, también la presencia de su enemigo.

A tal grado es la oligarquización una enfermedad endémica que requiere de un tipo especial de hombre. Un hombre que debe romper con todo lo que su propio espíritu le dicta, incluso respecto de sus semejantes; diferenciarse al grado de dejar de pertenecer a la misma raza, a la misma especie que los otros. Los otros sólo son inferiores, sus esclavos, sus empleados, sus siervos. Para ese tipo de hombre, él y los como él son los únicos seres humanos. ¿No expresaban los fariseos su desprecio por los galileos, por los samaritanos, por los pobres, no se llamaban a sí mismos "los santos de Israel"? (...)

La oligarquía no es una forma política, sino una degeneración de cualquier forma política. Y no hay forma política, mucho menos en Occidente, que no esté sujeta a esta enfermedad. Y ella genera otro tipo de enfermedades personales, de las que Viktor Frankl ha tipificado con toda claridad su etiología, su comportamiento y también su terapéutica: la psicosis y neurosis de carácter noógeno. Son todas ellas de origen contracultural y todas generan, necesariamente, formas políticas oligárquicas. ¿Por qué? Porque estas neurosis y psicosis con origen en una enfermedad del espíritu -de ahí lo de noógenas- alienan, enajenan al ser humano frente a la comunidad y frente al otro. Lo individualizan al grado de ponerlo en el camino del autismo -que también es una enfermedad pero de carácter psicológico-, puesto que implican su aislamiento y su enfrentamiento respecto del mundo que lo rodea. El llamado "espíritu competitivo" significa que toda colaboración es solamente con el pie en el cuello del vencido, siempre y cuando acepte ser siervo, o cliente si se trata de cuestiones políticas o, en el plano masivo, consumidor final. No hay ya un "otro mi igual". Y es la generalización de estas conductas la que determina la política.

El conjunto de la etiología de lo que Frankl describe es la pérdida del objeto, la pérdida del sentido de la vida. Nos muestra de que manera la conciencia oligárquica exige la modificación de la persona, al punto de perder el sentido de la vida. Sólo así puede ser asimilado a un sistema de carácter oligárquico, y a la contracultura, por consiguiente. (...)

La recuperación del sentido lo es en la aceptación de lugar, camino y meta, y también como sentido de las cosas ¿dónde estoy?, ¿qué soy?, ¿para qué estoy? Recuperar el sentido como lo hace quien está desmayado o como un hombre dormido se despierta. ¿Qué otra forma hay de recuperarlo sino ésta? Por eso es tan difícil: porque sin recuperar este sentido es imposible hacer nada. Evita diría, en esta caso, expulsar de nosotros el espíritu oligárquico, y no era un problema político sino cultural y a la vez un problema espiritual de primer orden. Y todos lo leían -lo leíamos- como un problema meramente político. Ella, que era terciaria franciscana, sabía que esto no era así.      

Evita no combatía a la oligarquía de Fulano de Tal o Mengano de Cual sino a la oligarquía como espíritu. (...)

Extracto del libro "Así se hizo Guardia de Hierro, la historia objetiva de una pasión" de Alejandro Francisco "El Gallego" Álvarez (Ed. ULAFI, págs. 574 a 578).

APOSTILLA:  
Es casi inevitable que, luego de escuchar por los medios los testimonios de los manifestantes de la marcha del llamado "1A", se nos vengan a la cabeza éstas reflexiones del "Gallego" Álvarez.
No porque esa marcha haya sido de la oligarquía, ellos no hacen marchas ni llenan plazas; sino porque en ella estaba presente el "espíritu oligárquico".
Ese espíritu no pertenece a una clase social determinada sino que suele alojarse también en la clase media e incluso en las clases populares. De hecho, si bien había mucha gente de Barrio Norte y Recoleta en la marcha, más había de los barrios de la llamada "Franja Rivadavia", donde habita la gran mayoría de la clase media porteña, proveniente en algunos casos de familias que habitaban originariamente en los barrios del sur de la ciudad, como Soldati y Lugano. Es que gran parte de nuestra sociedad, reitero incluso los que provienen de sectores populares, esta enferma de "oligarquía", como decía el Gallego.
Esta patología consistente en la diferenciación del prójimo y del individualismo acérrimo anticomunitario, tiene su paradigma en el "Fariseo". Es que padecen la misma soberbia. Así como el fariseo creía que su "pureza" y su "santidad" no era una gracia de Dios sino que era un mérito propio, y por tal razón se sentía con autoridad moral para marcar con el dedo al resto; el enfermo de "oligarquía" sea de la clase que fuese, cree que lo que tiene, mucho o poco, lo posee también por mérito propio, y por tal razón también marca a sus prójimos con el dedo acusador, llamándolos "choripaneros", "planeros", "vagos", entre otras estigmatizaciones.
Pero estas personas parecen olvidar, que mucho de lo que tienen y poseen, ya sean bienes materiales o títulos y honores, no lo obtuvieron sólo por mérito propio. Acaso muchas de esas personas de clase media de "espíritu oligárquico", y que provienen en muchos casos de los sectores populares, ¿no obtuvieron sus títulos universitarios gracias a que el Justicialismo, al cual odian y desprecian, abolió los aranceles universitarios y popularizó el acceso a la universidad? O muchos de ellos, ¿no accedieron a la casa propia gracias a las políticas sociales implementadas por el General Perón?
Parece que la cosa se agrava cuando quién padece esta enfermedad espiritual proviene de los sectores populares, porque a ese mal le adicionan el fanatismo de los conversos. Ya lo decía Evita, "... le tengo más miedo al frío del corazón de los compañeros que olvidan de dónde vienen, que al de los oligarcas...".