jueves, 11 de mayo de 2017

EL PADRE MUGICA Y SU CRÍTICA AL MARXISMO COMO COLONIALISMO CULTURAL


Empapémonos de Pueblo y Evangelio

Es reconfortante advertir en una reciente solicitada de los sectores más combativos de nuestra juventud, el rechazo categórico del socialismo dogmático y la afirmación rotunda de la doctrina justicialista, único modo de insertarse de verdad en el pueblo argentino y su inexorable proceso de liberación.

Estos muchachos, han comprendido a tiempo que esa adhesión ideológica les taponaba la comprensión del proceso histórico argentino y los sometía a una progresiva colonización cultural, contra la cual ellos pretenden luchar con todas sus fuerzas.

Porque es importante advertir que el marxismo es una típica expresión del pensamiento racionalista europeo. Pensamiento castrador de la realidad, pues elimina de ella los valores instintivos, "irracionales", que son sin embargo, los más hondos del ser humano. Allí, en esa instintividad profunda del hombre, que escapa al cerebro frío pero no a la intuición, surge al pensamiento más total del ser humano que es el sentimiento religioso. Ya Pascal decía que las razones del corazón son más importantes que las de la misma razón.

No se trata, ciertamente, de negar el valor científico que puede tener el marxismo como crítica implacable del sistema capitalista. Pero, no obstante esto, el marxismo es la expresión última del liberalismo europeo. De ahí que tiende a privilegiar el factor económico de la sociedad, en detrimento de lo político, que es lo específicamente humano. Por eso, más que una concepción emanada de los pueblos, ha sido una concepción introducida en los pueblos. Y esto es particularmente perceptible en la Unión Soviética, donde el mismo Lenín reconoció, que la revolución del proletariado se convirtió en la revolución sobre el proletariado.

El Justicialismo, porque se nutre en su misma esencia de la vida cristiana (como ya lo demostramos en un artículo anterior), privilegia lo político sobre lo económico, porque su atención absorbente es la persona humana, concreta, real, histórica.

Los hombres más afectados por la vida son los trabajadores, los pobres, que se manejan siempre con la realidad dura, áspera, ineludible que los envuelve todo el tiempo. Y ellos, en nuestra patria son justicialistas.

Los que forman lo que hoy llamamos la juventud, pertenecen en general a la clase media y están más distanciados de las reales aperturas. Y pueden entonces más fácilmente ideologizar, especular, soñar. En estos días, hubo dos manifestaciones públicas. Una en el estadio de Atlanta. Muchos jóvenes. Pocos obreros. Allí prevaleció la ideología sobre la realidad.

Otra en Plaza de Mayo. La pude ver con mis propios ojos. Esos trabajadores, auténticos "cabecitas", no especulaban cuando gritaban "Zorila y Perón, un solo corazón". Estaban reclamando condiciones dignas de trabajo y carne barata para el pueblo.

Más que nunca, debemos golpear con el Evangelio. Tengamos en cuenta que Lenín, ya en 1904, preanuncia el ideologismo elitista cuando afirma: "La conciencia socialista debe ser aportada a la clase obrera desde afuera". Ideologismo, que iba a terminar en el stalinismo draconiano, gigantesco capitalismo de Estado.

Y entonces, no busquemos afuera lo que debemos encontrar adentro. Adentro de nuesta historia montonera, federal, "cabecita", que desemboca en la potente revolución justicialista que debe ser proseguida y ahondada.

Pero sobre todo, busquemos adentro de nosotros a ese Dios nuestro, Jesucristo, que desde el Evangelio no nos da recetas políticas pero nos incita a ser terriblemente violentos con nuestros egoísmos y cobardías y a mirar la realidad, desde los pobres, los humildes, desde aquellos que pelean por la vida diariamente y no tienen espacio para teorías.

Si la juventud renuncia a buscar la revolución en los libros (con el peligro de morirse de un error de imprenta) y asciende al pueblo asumiendo sus problemas reales y su lucha por acabar con el gran pecado de nuestro tiempo, la explotación del hombre por el hombre, el destino de la revolución justicialista quedará asegurado.

Empapémonos de pueblo y Evangelio, y serviremos a la reconstrucción moral del hombre argentino, que es el anhelo más hondo del general Perón. Y seremos esos hombres nuevos, puro don de sí, que Cristo fecundó desde la Cruz hasta el fin de los tiempos. 


Texto del Padre Carlos Mugica publicado por la prensa con posterioridad al acto de la Tendencia Revolucionaria en Atlanta el 22 de Agosto de 1972 (Hernández, Pablo José - "Carlos Mugica y el retorno de Perón" - Ed. Fabro, págs. 59 a 61).

lunes, 8 de mayo de 2017

martes, 2 de mayo de 2017

LA SOBERBIA VISTA DESDE UN BALCÓN DE LA ROSADA


El 1° de mayo de 1974 por la tarde, Perón se propuso festejar el que sería el último 1° de mayo de su vida. Fueron invitados para acompañarlo en el histórico balcón quienes presidían los distintos partidos políticos de la época. Perón hablaría a la multitud reunida en la Plaza de Mayo alrededor de las tres de la tarde. Antes de esa hora, comenzaron ubicarse en los costados del balcón. El centro, aún vacío, sería el sitial desde donde hablaría el Presidente. Los invitados colmaban el histórico balcón. Llegó en ese momento el doctor Oscar Alende, presidente del Partido Intransigente, a quien yo conocía desde adolescente por ser compañero de sus hijos en el Colegio Nacional.

Lo saludé con gran alegría y lo invité a presenciar el acto desde el balcón de mi despacho de la Dirección de Asuntos Jurídicos, que estaba contiguo al balcón que utilizaba el Presidente. La multitud vivaba a Perón con un clamor tempestuoso que transformó al bisílabo "Perón" en un diapasón estruendoso cuando apareció el Presidente acompañado de su esposa, la vicepresidenta, y su secretario privado y ministro de Bienestar Social, José López Rega.

Inmediatamente hubo un silencio total. Entonces la multitud irrumpió a coro estos versos: "¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Qué boludos, votamos a una puta, a un brujo y a un cornudo!". Y lo repetían una y otra vez.

En medio del bochinche, el doctor Oscar Alende me dijo:

- Estoy bastante sordo y no entiendo bien lo que gritan. ¿Me lo podés escribir en un papel, Julio?

Fui hasta mi escritorio y en un trozo de papel escribí lo que la multitud vociferaba. El doctor Alende lo leyó y me dijo sorprendido:

- ¡Es también lo que estoy escuchando yo, pero no podía creerlo! ¡Pensé que eran mis oídos!

Al instante se escuchó la réplica furiosa de Perón: "¡Imberbes! ¡Estúpidos ...!".

Un cuarenta por ciento de la multitud de jóvenes abandonó la plaza arrojando al aire miles de palos que visto desde el balcón de la Casa Rosada, parecían un puñado de escarbadientes arrojados contra un ventilador ...

Sobre este mismo hecho en marzo de 1976 el doctor Oscar Alende me decía:

- Perón ... es lo menos que podía decirles. ¿Cómo van a insultar así a su mujer?

Extracto del libro "Isabel Perón, intimidades de un gobierno" del Dr. Julio C. González, quien fuera Secretario Técnico de la Presidencia durante los gobiernos del General Perón y de Isabel. (Ed. Docencia, 2° edición, págs. 45 y 46).  


APOSTILLA:
Parece una paradoja que estos "imberbes" insultaran a Isabel con la misma vejación con la cual, veintipico de años antes, los oligarcas destilaban su veneno hacia Evita. Pero en realidad no hay paradoja, porque estos "estúpidos" fueron criados e instruidos por gorilas y mamaron sus modos. Por algo el Gallego Álvarez decía que eran parecidos "hasta en los apellidos".
La soberbia los llevó ese día a desafiar al General, a enfrentarse al gobierno que pocos meses antes había llegado al poder con el 63 por ciento de los votos. Esa misma soberbia que, en breve lapso, los llevaría al "sacrificio".
Pero debemos distinguir la soberbia de los "imberbes y estúpidos", es decir la de los perejiles, de la soberbia de sus "embaucadores", los "infiltrados ... mercenarios al servicio del dinero extranjero"; ya que mientras a los primeros los debemos recuperar para el movimientos nacional, los segundos siguen siendo acérrimos enemigos del mismo.