domingo, 21 de octubre de 2018

EL PERONISMO Y SU TERCERA POSICIÓN


La Tercera Posición Justicialista es una cuestión que todos tienen en la boca pero que pocos comprenden o conocen cabalmente. Una constante entre los opinólogos de los medios de comunicación, e incluso entre compañeros que adolecen de un recto adoctrinamiento, es considerar que nuestra tercera posición se ubica en un punto medio entre el capitalismo liberal y el comunismo marxista. Por tal razón es tan común escucharlos decir que el justicialismo es una doctrina centrista o de centro, pero nada más alejado de la realidad. Si el General nos enseñó en Doctrina Peronista que los emblemas cohesivos de la revolución nacional justicialista son “Dios, Patria y Justicia Social” ... ¿Cómo puede estar nuestra doctrina en el medio de dos extremos que son esencialmente materialistas, internacionalistas y de explotación del hombre?

El Justicialismo no está a la derecha ni a la izquierda del liberalismo o del marxismo, ni se posiciona en medio de ellos, sino que está en la vereda de enfrente. Y es que el liberalismo y el marxismo son ideologías, por derecha y por izquierda, de la modernidad anglosajona; mientras que el justicialismo es una doctrina realista fruto de la cosmovisión hispánica, en la que se condensa la tradición greco-latina-cristiana. Son cosmovisiones antagónicas, de un lado el liberalismo y el marxismo, que son las dos caras de la misma moneda, y frente a ellos el justicialismo. Son en definitiva la expresión de la verdadera grieta, la nacional hispánica frente a la antinacional anglosajona, como lo definía el General. Por ello, cada vez que los gobiernos peronistas fueron fieles a su doctrina siempre ambos extremos anglófilos se juntaron en su contra, cual maniobra de pinzas. Así ocurrió con la Unión Democrática, con los comandos civiles del ‘55, y también en los setenta, cuando la subversión marxista dio la justificación al golpe liberal contra el gobierno de Isabel. Por tanto, si nuestra tercera posición no tiene como referencia los extremos mencionados, ni por tanto se posiciona en el centro de ambos. Entonces … ¿Cuáles son los extremos en que se referencia nuestra posición doctrinal?

Para esclarecer ello vale recurrir a una breve y simple obra del Dr. Raúl Antonio Mendé, quien fuera director de la Escuela Superior Peronista. Me refiero a El Justicialismo, doctrina y realidad peronista, obra prologada por el General Perón, quien la definió como “un aporte valioso y honrado a la divulgación de nuestra doctrina” y “ejemplo de su interpretación y de su sentimiento”. Allí Mendé nos enseña que el justicialismo es una solución al gran problema de la humanidad, el cual no es otro que la felicidad del hombre. Pero nos advierte que el hombre para lograr su felicidad tiene que solucionar dos escollos. El primero es la lucha intrínseca que tiene entre la materia y el espíritu que constituyen su unidad, y el segundo es la lucha extrínseca entre esa unidad personal y el resto de los hombres. En base a ello, la Tercera Posición Justicialista no propone una solución extrema sino de armonía y equilibrio entre el espíritu y la materia, y entre la unidad y la totalidad en la sociedad humana. Es decir, que el Justicialismo es una tercera posición entre las soluciones extremas que se han intentado fallidamente en la historia, tales como espiritualismo y materialismo respecto del problema del hombre, o individualismo y colectivismo respecto del problema de la sociedad. Pero es de resaltar que ni siquiera entre estos extremos el justicialismo es una solución centrista, ya que nuestra tercera posición no está a igual distancia de tales extremos. En efecto, Mendé indica que el péndulo justicialista se ubica más cerca del extremo espiritual que del material, y que asimismo está más cerca de la unidad humana que de la totalidad humana. Ello, por la sencilla razón, que el valor absoluto intrínseco del espíritu es superior a la materia, lo mismo que el valor de la unidad humana es mayor que la colectividad. De lo expuesto surge que la Tercera Posición Justicialista es una solución espiritual que no desconoce ni desprecia las necesidades materiales y que busca la liberación del hombre por su perfección como unidad humana sin menospreciar a la colectividad. Esta es nuestra tercera posición, simple y por tanto verdadera, porque, como decía Perón, “la simplicidad es producto de la verdad”.

Ahora bien, esta breve reseña sobre nuestro posicionamiento doctrinal no debe quedar en un mero onanismo intelectual, sino que debe servirnos para reflexionar sobre las verdades últimas del justicialismo, y desde esa perspectiva reconstruir la Patria y al Hombre Argentino. Es fundamental hoy retornar a nuestra doctrina, ya que el gobierno oligárquico actual, el cual es la etapa final de un proceso de más de cuarenta años, nos dejará un país desbastado tanto en su base material como en su base espiritual. Deberemos reconstruirlo todo, como lo realizó el General Perón en la década del cuarenta, y por eso debemos volver a sus verdades. Y éstas últimas nos indican que tendremos que empezar por las realidades materiales, las cuales, si bien son de orden inferior, son las más urgentes. Lógicamente ello debe ser así porque no es posible hablarle al pueblo de Dios y Patria si no se cumple primero con reparar las injusticias sociales. Así lo hizo Perón porque “había que mitigar el hambre y vestir la necesidad de los ‘descamisados’ antes de hablarles del espíritu”, como lo indica Mendé. Pero el justicialismo, al ser una doctrina espiritual y trascendente, no se queda allí, lo cual lo diferencia esencialmente de las ideologías materialistas. Nosotros no consideramos a las realidades materiales como un fin, sino como un medio para concretar las realidades espirituales, que Mendé excepcionalmente sintetiza en: “Fe en Dios, Amor por la Patria y sus símbolos, Unión de la familia y Solidaridad entre los hombres”. Esta es la fórmula peronista: reconstruir la base material de la Patria y distribuir la riqueza de manera justa, para elevar espiritualmente a nuestro pueblo a través del fomento de las virtudes y del culto a los valores trascendentes. 

Asimismo deberemos desterrar el individualismo deshumanizado, causa de la explotación del hombre por el hombre, que nos transformó en una sociedad egoísta. Ello lo debemos hacer, pero obviamente sin caer en el extremo colectivista, lo cual también es una explotación del hombre pero por el Estado. La Tercera Posición Justicialista suprime toda explotación del hombre, sea por otro hombre sea por el Estado, porque cree en la libertad individual pero ella no de forma absoluta, como los liberales, sino en función social. El hombre es un animal social y por ello no se puede realizar en una comunidad que no se realiza, como decía el General. Esta es la razón por la cual el justicialismo propone un comunitarismo, es decir un modelo de sociedad orgánico, donde el hombre se desarrolla y relaciona naturalmente a través de la familia y de las organizaciones libres del pueblo. Nosotros no reducimos la sociedad sólo al individuo y al Estado, como hacen liberales y marxistas, de allí la importancia que tiene la familia y los gremios en la sociedad peronista, porque tal cosmovisión reduccionista no es social sino lo contrario a ello. Lo dicho no es ni más ni menos que lo que Perón llamó comunidad organizada.

En fin, lo expuesto es sintéticamente nuestra posición y basamento doctrinal, el cual debería ser el fundamento último de todas las política de un gobierno que se jacte de ser peronista. Esta es la clave para volver … pero volver en serio, para instaurar de manera definitiva la Patria Peronista, Libre, Justa y Soberana ¡Que así sea!

Artículo publicado en el Boletín "Hacia una... III Posición(Número 1 - Octubre de 2018).

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