El 1° de mayo de 1974 por la tarde, Perón se propuso festejar el que sería el último 1° de mayo de su vida. Fueron invitados para acompañarlo en el histórico balcón quienes presidían los distintos partidos políticos de la época. Perón hablaría a la multitud reunida en la Plaza de Mayo alrededor de las tres de la tarde. Antes de esa hora, comenzaron ubicarse en los costados del balcón. El centro, aún vacío, sería el sitial desde donde hablaría el Presidente. Los invitados colmaban el histórico balcón. Llegó en ese momento el doctor Oscar Alende, presidente del Partido Intransigente, a quien yo conocía desde adolescente por ser compañero de sus hijos en el Colegio Nacional.
Lo saludé con gran alegría y lo invité a presenciar el acto desde el balcón de mi despacho de la Dirección de Asuntos Jurídicos, que estaba contiguo al balcón que utilizaba el Presidente. La multitud vivaba a Perón con un clamor tempestuoso que transformó al bisílabo "Perón" en un diapasón estruendoso cuando apareció el Presidente acompañado de su esposa, la vicepresidenta, y su secretario privado y ministro de Bienestar Social, José López Rega.
Inmediatamente hubo un silencio total. Entonces la multitud irrumpió a coro estos versos: "¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Qué boludos, votamos a una puta, a un brujo y a un cornudo!". Y lo repetían una y otra vez.
En medio del bochinche, el doctor Oscar Alende me dijo:
- Estoy bastante sordo y no entiendo bien lo que gritan. ¿Me lo podés escribir en un papel, Julio?
Fui hasta mi escritorio y en un trozo de papel escribí lo que la multitud vociferaba. El doctor Alende lo leyó y me dijo sorprendido:
- ¡Es también lo que estoy escuchando yo, pero no podía creerlo! ¡Pensé que eran mis oídos!
Al instante se escuchó la réplica furiosa de Perón: "¡Imberbes! ¡Estúpidos ...!".
Un cuarenta por ciento de la multitud de jóvenes abandonó la plaza arrojando al aire miles de palos que visto desde el balcón de la Casa Rosada, parecían un puñado de escarbadientes arrojados contra un ventilador ...
Sobre este mismo hecho en marzo de 1976 el doctor Oscar Alende me decía:
- Perón ... es lo menos que podía decirles. ¿Cómo van a insultar así a su mujer?
Extracto del libro "Isabel Perón, intimidades de un gobierno" del Dr. Julio C. González, quien fuera Secretario Técnico de la Presidencia durante los gobiernos del General Perón y de Isabel. (Ed. Docencia, 2° edición, págs. 45 y 46).
APOSTILLA:
Parece una paradoja que estos "imberbes" insultaran a Isabel con la misma vejación con la cual, veintipico de años antes, los oligarcas destilaban su veneno hacia Evita. Pero en realidad no hay paradoja, porque estos "estúpidos" fueron criados e instruidos por gorilas y mamaron sus modos. Por algo el Gallego Álvarez decía que eran parecidos "hasta en los apellidos".
La soberbia los llevó ese día a desafiar al General, a enfrentarse al gobierno que pocos meses antes había llegado al poder con el 63 por ciento de los votos. Esa misma soberbia que, en breve lapso, los llevaría al "sacrificio".
Pero debemos distinguir la soberbia de los "imberbes y estúpidos", es decir la de los perejiles, de la soberbia de sus "embaucadores", los "infiltrados ... mercenarios al servicio del dinero extranjero"; ya que mientras a los primeros los debemos recuperar para el movimientos nacional, los segundos siguen siendo acérrimos enemigos del mismo.
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