La oligarquía es una enfermedad. Todas las formas políticas aparecen siempre mezcladas, como acabamos de ver: les pasó a los griegos, a los romanos, a la revolución francesa ... y también al movimiento nacional. En los gremios, en el orden político, en el estado y en todo lo demás. ¿No advertía Eva Perón que lo más peligroso no era la oligarquía vacuna terrateniente de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, de la llanura, sino "el espíritu oligárquico en nosotros"? "Si algún peronista se convierte en oligarca, ése va a ser el peor oligarca", advertía. Era obvio que fuese así, porque su actuación sería la de todo nuevo converso (...)
La oligarquía es una enfermedad endémica y global de todas las formas políticas humanas en la historia. En la cultura occidental tiene una trayectoria particular, aunque en las demás también existe, porque fue en Occidente que se la identificó. El hecho de que pudiera ser aislada del universo de lo inconsciente y se volviera algo consciente no fue casual, a tal grado que hubo gente que se orientó específicamente a hacer oligarquía y a ser oligarca. Occidente tuvo que fabricar eso. ¿Qué determinó ese diferencial en la cultura occidental? La presencia de Cristo. Cristo no fue la causal de la conciencia oligárquica, pero en Occidente, frente a Él, la única posibilidad para sus enemigos era esa otra, obviamente encubierta con la hipocresía. Porque desde Cristo en adelante las formas oligárquicas adquirieron, en primer lugar, una virulencia particular (su anticristianismo), pero también métodos y sistemas ideológicos provenientes de los enemigos fundamentales de Cristo: los fariseos, que dieron forma a algo que ya existía y que ya era también contracultural.
Los fariseos, dado su anticristianismo natural, reestructuraron las formas oligárquicas. La presencia de Cristo vino a vigorizar la presencia del Dios vivo en el mundo y, en consecuencia, también la presencia de su enemigo.
A tal grado es la oligarquización una enfermedad endémica que requiere de un tipo especial de hombre. Un hombre que debe romper con todo lo que su propio espíritu le dicta, incluso respecto de sus semejantes; diferenciarse al grado de dejar de pertenecer a la misma raza, a la misma especie que los otros. Los otros sólo son inferiores, sus esclavos, sus empleados, sus siervos. Para ese tipo de hombre, él y los como él son los únicos seres humanos. ¿No expresaban los fariseos su desprecio por los galileos, por los samaritanos, por los pobres, no se llamaban a sí mismos "los santos de Israel"? (...)
La oligarquía no es una forma política, sino una degeneración de cualquier forma política. Y no hay forma política, mucho menos en Occidente, que no esté sujeta a esta enfermedad. Y ella genera otro tipo de enfermedades personales, de las que Viktor Frankl ha tipificado con toda claridad su etiología, su comportamiento y también su terapéutica: la psicosis y neurosis de carácter noógeno. Son todas ellas de origen contracultural y todas generan, necesariamente, formas políticas oligárquicas. ¿Por qué? Porque estas neurosis y psicosis con origen en una enfermedad del espíritu -de ahí lo de noógenas- alienan, enajenan al ser humano frente a la comunidad y frente al otro. Lo individualizan al grado de ponerlo en el camino del autismo -que también es una enfermedad pero de carácter psicológico-, puesto que implican su aislamiento y su enfrentamiento respecto del mundo que lo rodea. El llamado "espíritu competitivo" significa que toda colaboración es solamente con el pie en el cuello del vencido, siempre y cuando acepte ser siervo, o cliente si se trata de cuestiones políticas o, en el plano masivo, consumidor final. No hay ya un "otro mi igual". Y es la generalización de estas conductas la que determina la política.
El conjunto de la etiología de lo que Frankl describe es la pérdida del objeto, la pérdida del sentido de la vida. Nos muestra de que manera la conciencia oligárquica exige la modificación de la persona, al punto de perder el sentido de la vida. Sólo así puede ser asimilado a un sistema de carácter oligárquico, y a la contracultura, por consiguiente. (...)
La recuperación del sentido lo es en la aceptación de lugar, camino y meta, y también como sentido de las cosas ¿dónde estoy?, ¿qué soy?, ¿para qué estoy? Recuperar el sentido como lo hace quien está desmayado o como un hombre dormido se despierta. ¿Qué otra forma hay de recuperarlo sino ésta? Por eso es tan difícil: porque sin recuperar este sentido es imposible hacer nada. Evita diría, en esta caso, expulsar de nosotros el espíritu oligárquico, y no era un problema político sino cultural y a la vez un problema espiritual de primer orden. Y todos lo leían -lo leíamos- como un problema meramente político. Ella, que era terciaria franciscana, sabía que esto no era así.
Evita no combatía a la oligarquía de Fulano de Tal o Mengano de Cual sino a la oligarquía como espíritu. (...)
Extracto del libro "Así se hizo Guardia de Hierro, la historia objetiva de una pasión" de Alejandro Francisco "El Gallego" Álvarez (Ed. ULAFI, págs. 574 a 578).
APOSTILLA:
Es casi inevitable que, luego de escuchar por los medios los testimonios de los manifestantes de la marcha del llamado "1A", se nos vengan a la cabeza éstas reflexiones del "Gallego" Álvarez.
No porque esa marcha haya sido de la oligarquía, ellos no hacen marchas ni llenan plazas; sino porque en ella estaba presente el "espíritu oligárquico".
Ese espíritu no pertenece a una clase social determinada sino que suele alojarse también en la clase media e incluso en las clases populares. De hecho, si bien había mucha gente de Barrio Norte y Recoleta en la marcha, más había de los barrios de la llamada "Franja Rivadavia", donde habita la gran mayoría de la clase media porteña, proveniente en algunos casos de familias que habitaban originariamente en los barrios del sur de la ciudad, como Soldati y Lugano. Es que gran parte de nuestra sociedad, reitero incluso los que provienen de sectores populares, esta enferma de "oligarquía", como decía el Gallego.
Esta patología consistente en la diferenciación del prójimo y del individualismo acérrimo anticomunitario, tiene su paradigma en el "Fariseo". Es que padecen la misma soberbia. Así como el fariseo creía que su "pureza" y su "santidad" no era una gracia de Dios sino que era un mérito propio, y por tal razón se sentía con autoridad moral para marcar con el dedo al resto; el enfermo de "oligarquía" sea de la clase que fuese, cree que lo que tiene, mucho o poco, lo posee también por mérito propio, y por tal razón también marca a sus prójimos con el dedo acusador, llamándolos "choripaneros", "planeros", "vagos", entre otras estigmatizaciones.
Pero estas personas parecen olvidar, que mucho de lo que tienen y poseen, ya sean bienes materiales o títulos y honores, no lo obtuvieron sólo por mérito propio. Acaso muchas de esas personas de clase media de "espíritu oligárquico", y que provienen en muchos casos de los sectores populares, ¿no obtuvieron sus títulos universitarios gracias a que el Justicialismo, al cual odian y desprecian, abolió los aranceles universitarios y popularizó el acceso a la universidad? O muchos de ellos, ¿no accedieron a la casa propia gracias a las políticas sociales implementadas por el General Perón?
Parece que la cosa se agrava cuando quién padece esta enfermedad espiritual proviene de los sectores populares, porque a ese mal le adicionan el fanatismo de los conversos. Ya lo decía Evita, "... le tengo más miedo al frío del corazón de los compañeros que olvidan de dónde vienen, que al de los oligarcas...".
Pero estas personas parecen olvidar, que mucho de lo que tienen y poseen, ya sean bienes materiales o títulos y honores, no lo obtuvieron sólo por mérito propio. Acaso muchas de esas personas de clase media de "espíritu oligárquico", y que provienen en muchos casos de los sectores populares, ¿no obtuvieron sus títulos universitarios gracias a que el Justicialismo, al cual odian y desprecian, abolió los aranceles universitarios y popularizó el acceso a la universidad? O muchos de ellos, ¿no accedieron a la casa propia gracias a las políticas sociales implementadas por el General Perón?
Parece que la cosa se agrava cuando quién padece esta enfermedad espiritual proviene de los sectores populares, porque a ese mal le adicionan el fanatismo de los conversos. Ya lo decía Evita, "... le tengo más miedo al frío del corazón de los compañeros que olvidan de dónde vienen, que al de los oligarcas...".

Impresiontante, no sé quien escribió esta nota pero me encantó. Mejor dicho, le puso nombre y me aclaró una categoría a la cual venía pensando hace mucho timepo pero no podía describirla, "El enfermo de Oligarquía". Excelente. Saludos
ResponderEliminarGracias Marcelo. El texto central es un extracto del libro "Así se hizo Guardia de Hierro, la historia objetiva de una pasión" del "Gallego" Álvarez. La apostilla son una pensamientos que se me cruzaron al ver la gente que fue a la marcha del "1A" y el texto del Gallego.
EliminarSi no lo leíste, te recomiendo que consigas este libro, no tiene desperdicio. Saludos.